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domingo, 14 de junio de 2020

“EL BIKER-LOS BIKER´S-LA FAMILIA” Autor: Fernando Emilio Saavedra Palma. Para: Rubén Emiliano Valdespino Saavedra y Guillermina Saavedra Palma “IN MEMORIAM”.

       FOTOGRAFÍAS del álbum de Fernando Emilio Saavedra Palma.
       Fernando Emilio y Rubén Emiliano en Sinaloa.
“EL BIKER-LOS BIKER´S-LA FAMILIA”  
Autor: Fernando Emilio Saavedra Palma.
Para: Rubén Emiliano Valdespino Saavedra
y Guillermina Saavedra Palma “IN MEMORIAM”.

Uno se va con los años como un enamorante suspiro efímero
Ciudad de México Villa Coapa La y Temo vuelta y vuelta en la moto
ahí aprendió a dominar la máquina mi gallo fino Rubén Emiliano
los años han pasado y las canas con el tiempo a todos nos han llegado.

El biker creció en el mundo con lo adrenalínico
las motos en la carretera hacen un ruido único
el compañerismo no se hace esperar en el camino
el poderoso rugir de las máquinas lo dicen todo.

Es conducir es el saber rodar y rodar fundamental año tras año
es saber que un accidente es ser uno un simple mortal falleciendo
es equilibrio y valentía en cada curva-recta-ilimitada con sentido   
es pasión loca de adrenalina cascada sanguínea que lo ilumina todo.

…la hermandad se da en el rugir de la máquina un especial sonido…
…la hermandad se da en la vestimenta todo un estilo único y propio…
…la hermandad se da en pararse a comer con hambre arte culinario…
…la hermandad se da en la vida por un recuerdo ruidoso del pasado…

Una madre Nanis te amo
una hermana
una sobrina
una esposa
un hijo
otro hijo
una hija
un tío
la familia lo espera…

Hay una buena vibra Bro…
hay una buena imagen al regreso…
hay un apoyo familiar al rezo
hay un alguien esperando…

Rodar y rodar
100 millas
1000 millas        
10 000 millas
100 000 millas
es una pasión con tiempo.

Recordando al tío o al hermano Lázaro Fernando
quien enseñó a manejar a Rubén Emiliano la moto
hoy en su caballo de acero va por el mundo rodando
es el biker con los biker´s con la familia arremetiendo. 

      Fernando Emilio y Rubén Emiliano
      despidiéndose y deseando buen viaje.

Lo mismo está en un desfile en Mazatlán andando rugiendo
o pasa a saludar a Escuinapa Sinaloa al tío Fernando Emilio
el biker sigue por los caminos lo mismo E.E.U.U. que México
el destino de la hermandad sigue andando con Rubén Emiliano.

…ser biker es una vibración a lo perfecto…
…ser biker es un rugir hermandad con estilo…
…ser biker es un sentimiento ilimitado…
…ser biker es una vida a lo adrenalínico…

Ser biker es subirte a tu máquina a tu moto
y viaja anda recorre las colinas suspirando
recordando la libertad en tus brazos en tu cuerpo
súbete a tu moto y viaja como Rubén Emiliano. 

       Fernando Emilio sin casco y  Rubén Emiliano.




sábado, 13 de junio de 2020

“POESÍA MUNDO POLICÍACO” NOVELA POLÍTICO POLICÍACA XX. “EL BABY BOCADO” Y “FITO PÉREZ” Autor: Fernando Emilio Saavedra Palma.

      ILUSTRACIÓN POR: Fernando Emilio Saavedra Palma. 
“POESÍA MUNDO POLICIACO”
NOVELA POLÍTICO POLICIACA XX.
“EL BABY BOCADO” Y “FITO PÉREZ”
Autor: Fernando Emilio Saavedra Palma.

Cuando uno decide ser policía, después de una comisión donde se ve la muerte y la vida, sin saber, es como si juegas a la ruleta rusa o como la humanidad viaja al azar en el universo, solo un milagro me hace pensar diferente. Decidir con toda claridad que mi alma algún día morirá en esta profesión azulada de policía, es un trabajo que está bien desacreditado en mi país, México.
La decisión la tomé entre 1970 al 79 cuando no era conocido Juan Gabriel y empezaba a sonar “No tengo dinero” en 1971, también se escuchaba al charro de Huentitán Vicente Fernández con “Palabra de Rey”, las rockolas del centro de la Ciudad de los Palacios empezaban a sonar. Por las calles se escuchaba a Pedro Infante con “Yo soy quien soy  (y no me parezco a naiden), Javier Solís con “Silverio”, Mike Lauren con un sonido llamado la “chunchaca” cantando Mazatlán, la siempre viva Sonia López con “El Ladrón”, Leo Dan con “Mary es mi Amor” y el de mi preferencia; Roberto Jordán con “Dame una señal”.

Después de lo de Acapulco y coquetear con la muerte, resolví recoger el Marquiz del Comandante Marrano, la suerte me llegó al heredarlo sin saber, uno en la vida nunca sabe para quién trabaja. Tranquilamente me fui a chacharear la camioneta Dodge para sacar algunos pesos y poder sostenerme antes de cobrar la quincena. Por la noche me fui a la pensión, me subí al Marquiz para irme a casa de Columba que por el momento solo la habitaba gente del servicio. Me estacione en el garaje para irme a pensar y hacer un reporte que debía llevar a la jefatura de policía, al igual que el auto del Comandante, para luego solicitarlo. Después de todo lo vivido, empecé a revisar detalladamente el coche, cuando abrí la enorme cajuela me paralicé por unos minutos, estaba llena de dólares; puros billetes de alta denominación, y un portafolios con papeles personales del comandante. Con todo ese dinero podía retirarme de la policía para siempre, pero no fue así, seguí entregando mi vida a múltiples comisiones riesgosas, siempre encomendándome a la guadalupana.

Guardé el dinero en Cuernavaca, en una covacha única, elaborada con mucho cuidado; era toda de cemento armado, estaba en un lugar secreto, cerca de la bomba de agua en el jardín, imposible de encontrar.

COMISIÓN REPORTE por el oficial Baby Bocado.

El reporte en alguna parte decía: …“el comandante se bajó de mi Galaxie 500 para hablar con cuatro tipos que lo subieron a una camioneta blanca de carga,  en ese momento me bajé para ayudarlo, de repente no sé de donde salieron pero solo sentí que me golpearon la cabeza, me dejaron una enorme herida sangrando, quedé inconsciente en plena carretera, se llevaron mi automóvil y mi pistola de uso oficial”… 

Pasaron varios meses y no encontraron mi Galaxie 500, tampoco la pistola, así que actuaron de lo más normal; le dieron carpetazo al caso. Lo curioso del suceso es que nadie se preocupó por el comandante Marrano, parece ser que era un tipo despiadado; estos personajes de la vida real son los que se encargan de causar miedo a todo mundo, “por lo general no tienen amigos” y por supuesto, nadie habla de ellos. No me costó ninguna dificultad hacerme del “Marquiz negro” y algunos de los compañeros oficiales me dijeron: “ojalá tengas suerte y ese carro no este maldito como su ex-dueño”, así que lo llevé a bendecir a siete iglesias de diferentes estados del país y han sido cada una de ellas historias especiales en mi vida. Exclusivamente lo uso cuando tenemos una urgencia y se pueda soltar una balacera.
La mayoría de los policías tenemos el gusto por los automóviles, motocicletas, bicicletas y todo lo que huela a velocidad, la adrenalina es un té de sangre que nos permite vivir y descargar todas nuestras emociones para después convivir de lo más normal, con tranquilidad en la familia y la sociedad. Si, es un perfil que muchos compañeros  vamos desarrollando con la experiencia en las filas policiacas, no es como en otros países que te capacitan psicológicamente para afrontar la vida en este mundo cultural rudo, cien por ciento mexicano.     

Ciudad de México:

Ocho de la noche en Artículo 123 y Balderas. Caminando con don Antonio lo pongo al tanto de todo, con lujo de detalle.

-Don Antonio: “Ahijado no me platiques más, estoy enterado de casi todo, tengo mis informantes, ya no te preocupes. Lo que más importa en este momento es que te nombren comandante, creo podrías ser el más joven en la historia policíaca de México, hay que pedirle a todos los santos y santitos que nos apoyen; a la patrona, a los señores del dinero, a un güero y a un negro que andan pedaleando para llegar a ser el número uno en la dirección de la jefatura”.

-Baby Bocado: ¿Cual es la urgencia de que sea comandante, no me ha dicho usted que todo a su tiempo?

-Don Antonio: Como carnal predilecto del barrio, ya no necesitas meritos, es la chuleta de la raza de muégano que somos con la familia lo que queremos, todos te vamos a echar, apuntalar, no existe papelero de la calle que no te conozca y tienes que ser nuestro “Robin Hood”. Si no le quieres entrar, de una vez suelta la sopa, que ya es muy tarde pa echarse pa tras.

-Baby Bocado: No me diga eso padrino, no soy salta pa tras, no le saco al parche y vamos pa delante carnal.

-Antonio: Ya no me digas “don Antonio”, ahora estamos de igual a igual ¿Está bien carnal? En cuanto tengas la placa de comanche haremos un fiestononón, yo se que ahí te anda buscando una changuita que quiere saltar en tu mecate, ya verás que sorpresa.

Entre carnales nos seguiremos diciendo carnales, pero en la fiesta, ante la raza brava,  seguiré diciendo “Don Antonio” ¿Ya vas barrabas?      

Baby Bocado se metió a un café y se puso a escribir un poema.

UN POEMA “POESÍA POLICÍA”
Autor: “Baby Bocado”

Una comisión es la vida y la muerte de un policía
una bala desdoblada es muerte con un tiro de gracia
una golpiza son cicatrices por siempre en el alma
una medalla es un reconocimiento que se olvida.
  
El Baby Bocado decide ser un oficial del mundo policiaco
se vuelve irreverente callado ante tanto pandillerismo discreto
el tiempo lo hace comandante en silencio vivo adrenalínico
entrega todo su andar y pensamiento único en cada caso.

…quien sabe cuando actuamos por instinto…
…quien sabe cuando morimos de un dolor callado…
…quien sabe cuando dejamos a la familia sin futuro…
…quien sabe cuando el destino nos juega rudo…

Alma de día o noche mirando a las estrellas
respiraciones auxiliando la vida de boca a boca
cuerpos destrozados que uno nunca se acostumbra
inconsciencia de accidentes inolvidables lección de vida.

La poesía policía es un niño llorando sufriendo sin familia
la poesía policía es cuando un secuestrado me da la mano
la poesía policía es el compañero de comisión muerto a mi lado
la poesía policía es un agradecimiento de una mujer maltratada.

Llegando a casa un policía regala poesía regalando una sonrisa
jugar con los hijos llevándolos a la escuela
amando a la esposa por la noche en la cama
besando a la madre y recibiendo la bendición con la guadalupana.

México tiene su policía muy a su estilo
pienso que en los 70´s iba evolucionando
no fue así más con el tiempo irá cambiando
seré un policía viejo desde ahora seré viejo.

Solo escribo poesía sin el olvido del olvido
doy gracias a dios que aún sigo vivo
desdibujo imágenes fuertes sin sentido
sueño que todo fue un sueño soñado.

Las cicatrices se quedan vivas por todos lados
en el alma o físicas y luego me preguntan los nietos
ellos ríen juegan disfrutan del vivir son sin saber ajenos
son el azar de dios son fe son algo que existe y todos vivimos.

El dedo del cielo es magia de nuestro ser
es un saber sin ser que se siente al ver
es discontinuidad viva que se calma al comer
es caja de pandora cuando se ama a una mujer.
  
  
     
  
   



jueves, 11 de junio de 2020

“EL PRIMER ENCUENTRO EL BABY Y EL FITO” NOVELA POLÍTICO POLICÍACA XIX. “EL BABY BOCADO” Y “FITO PÉREZ” Autor: Fernando Emilio Saavedra Palma.

      ILUSTRACIÓN POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
“EL PRIMER ENCUENTRO EL BABY Y EL FITO”
NOVELA POLÍTICO POLICIACA XIX.
“EL BABY BOCADO” Y “FITO PÉREZ”
Autor: Fernando Emilio Saavedra Palma.

Salimos como el viento discreto que refresca por la mañana y a momentos, como fuego que lleva el diablo manejando por la carretera. En minutos callamos y nos miramos, yo manejaba como el chofer del comandante Marrano, él a ratos dormía como un lirón angelical. Mientras el reposaba, yo rezaba algunos rosarios encomendándome a mi patrona, dueña de las almas de “la Capirucha”, de “los pobres chilangos”, la emperatriz de América, la Guadalupana. Cuando me acercaba a la muerte y era consciente, nada más me persignaba y encomendaba a ella, entonces sí, bienvenida la huesuda. Ahora, si tengo que morir, tengo que analizar adelante de la malicia del comandante. Cuando llegamos a Chilpancingo me venía diciendo que él, es el patrón de muchos malandrines, por supuesto sin decirme sus nombres. Me afirmaba que a sus sesenta años ya estaba cansado de trabajar, que tenía algunos casos más que ver y próximamente buscaría retirarse de la policía. Me comentó algo que me pareció muy extraño, que necesitaría de mí al terminar esta comisión para visitar a su papá en un pueblito de la sierra Oaxaqueña. Me mostró una carta bien cerrada en un sobre azul sellado con masking tape y dijo que era “un gran recado” de mucha confidencia. En la cajuela de mi carro tenia parque para las fuscas, me miró y soltó una satírica sonrisa burlona. Antes de llegar a Iguala, dijo que llegaríamos a una bodega en Acapulco y de inmediato nos regresaríamos a México, que era una comunicación personalizada con un pendejete. Se quedó dormido y despertó cuando estábamos llegando al puerto, sonrió y señaló con la mano la desviación a Tres Palos, seguimos a puerto Marquez, bajé la velocidad y continuamos por la carretera. Del asiento trasero sacó un pequeño maletín donde guardaba una guayabera, se la puso, debajo del asiento sacó un sombrero, después de acicalarse el cabello lo puso en su cabeza. Íbamos en mi Galaxie 500 y nunca supe a qué horas guardó sus pertenencias, me miró, sonrió y preguntó ¿Cómo me veo Baby Bocado? ¡Bien señor! –contesté. “Qué bueno que te guste mi percha futuro Comandante Bocado” -proclamó.

Nos estacionamos en un enorme patio de terracería, antes de bajarme abrí la guantera, saqué 20 balas de la caja y me guardé las llaves del Marquiz del comandante, uno nunca sabe. El viento levantaba el polvo, nos bajamos del auto y caminamos lentamente, de repente nos quedamos quietos mirando fijamente; frente a nosotros estaban dos enormes puertas abiertas, alrededor varios tracto camiones, camionetas de tres y media toneladas llenas de diferentes verduras y frutas. Dos muchachos de mi edad muy corpulentos y altos, estaban bajando aguacates.
Salió una niña casi adolecente, se paró frente al comandante Marrano y le dijo: ¡Que tal padrino! ¿Cómo está? El comandante solo dijo: “Bien mija, ¿Esta tu papá?”  Ella con familiaridad contestó: “Si, me dijo que le diera unos minutos”. Mientras, el comandante me pedía mi pistola y no tuve otra opción, se la entregué frente a la mujercita, ella me volteó a ver y sentí que se sorprendía al mirarme, lógicamente era mi galanura, estaba acostumbrado a ello, pero jamás olvidaría esa mirada única, ese gesto era intuitivo, “algo” quería decirme. Ella era una clásica acapulqueña, pequeñita de uno cincuenta de estatura, morena super-bronceada, cabellera negra a la cintura y con una enorme facilidad de palabra. “Padrino en un momento regreso” -dijo y se alejó. La vi dar órdenes a los muchachos que descargaban la camioneta, se acercó más a uno de ellos que a la distancia se veía gigante y ella pequeñita, pero definitivamente la que mandaba, era ella.

Los jóvenes desaparecieron como por arte de magia y después de veinte minutos llegó la chaparrita, el comandante sacó de su guayabera el sobre que me había mostrado, me lo dio y con voz de encantador de serpientes me ordenó llevárselo al papá de su ahijada. Me dijo: “Tu tranquilo, ella te acompañará”. Al entrar a la bodega estaba parado un señor muy alto, de casi dos metros y me reí, pensé que me veía igual que su hija hace un momento con el gigantón del patio; yo pequeño y él un gigante, estiré la mano para darle el sobre y no supe más de mi.
  
Empezaba a sentir más el calor, mi cuerpo sudaba a mares pero había terminado de descargar la camioneta y solamente esperaba mi pago.

“La Tamarinda” era una guerrerense linda, de mucho valor, que me amaba y jugaba conmigo cada vez que llegaba de Michoacán a Acapulco llevando aguacates. Era muy joven pero era una mujer muy valiente e inteligente; ella era el enlace con su papá y esos dos hombres que habían llegado en un Galaxie 500. Me mitoteó que  iban a llevar a cabo una ejecución para ponerle un hasta aquí a la falta de dinero, y me dijo que hasta el día de hoy dejarían de hacer tratos con su padrino, todo tiene que cambiar en el negocio, no hay que espantarse. Entramos a la bodega y subimos a la oficina de su papá;  “Vas a tomar del escritorio el dinero que tú quieras y no vuelvas a pararte en Acapulco, a partir de hoy nos dejaremos de ver para siempre, yo me encargo del güerito ¿está bien?” –dijo la Tamarinda. Rápidamente ella me tomó de la mano, la seguí y dijo: “quédate aquí” y me dejó afuera bien escondido.

En la oficina escuché como “la Tamarinda” y su papá hablaban de planes macabros, el viejo era una lumbrera terrorífica, en unos minutos más el papá bajó las escaleras, se encaminó hacia los guardaespaldas que lo esperaban bien armados. “Mi compadre me quiere seguir viendo la cara de pendejo, ya saben que tienen que hacer” –afirmó. Miró al güerito tirado en el suelo sangrando de la cabeza, estaba amarrado y seguía desmayado.

“La Tamarinda” y su papá tenía de cliente a Fito Pérez; él, se dedicaba a jugar a fútbol y de vez en cuando a manejar camionetas y camiones repartiendo aguacates a diferentes puntos del país. En cuanto el papá salió de la oficina, el aguacatero sigiloso como un gato montés, entró a la oficina, tomó el dinero y un sobre del escritorio, increíblemente había dólares por todos lados. Sin decir nada espero a ver qué pasaba, los minutos se hacían una eternidad, eran angustiantes causando impotencia. Repentinamente se soltó una balacera y de un par de brincos llegó al lado del güerito, lo levantó como un costal de aguacates, se lo echó al hombro y lo sacó de ahí hasta llevarlo a la camioneta, en fracción de segundos hecho andar la maquina y salió como pedo de bruja ante tanto balazo. “La Tamarinda” se subió sin pedirle permiso a Fito, nadie se dio cuenta que traían “al güerito” en la parte de atrás. A toda velocidad se encaminaron por la carretera, a unos diez kilómetros de ahí “la Tamarinda” le pidió a Fito se detuviera y sin pensarlo los dos se bajaron, desamarraron al güerito que todavía seguía inconsciente, escucharon su corazón, estaba vivo. Fito lo jaló de las piernas, lo bajó de la caja de redilas, lo puso al volante con la cabeza clavada como borracho, le dejó las llaves de la Dodge y luego sacó la carta del sobre, la miró detenidamente y dijo: “Qué cabrón este cabrón, dios mío un milagro”, y hasta abajo le escribió: “Güero te dejo estos dolaritos, el gordo pasó a mejor vida, ya se lo echaron. Aquí te dejamos lo que escribió sobre ti, no vengas a Acapulco durante muchos años, firma la morena que te cuidó y yo, el que te salvó.
Por cierto, te dejo esta imagen de la Virgen de Guadalupe que me ha acompañado siempre en la carretera, pídele y dale gracias, hoy por ti, mañana por mí.   
“Fito Pérez”.

Después de un par de horas “Baby Bocado” despertó, miró los dólares y la carta que decía:

CARTA DE NEGOCIOS.

Compadre:

Se que te debo bastante dinero por chingaderas atrasadas, espero en esta última negociación cumplir contigo con toda mi deuda, la reconozco. Ahí te dejo a este güero, mi alumno preferido, es policía, está bien registrado en México. Es como mi hijo para pagarte el entierro “del Perro” tu mano derecha. A él, le puedes sacar toda la información que se sabe en la jefatura y después mándaselo a san Pedro.
Por cierto, tu pago lo tengo en Morelos, mándame a mi ahijada con tus niños y a ella le doy la marmaja en efectivo.
Tu compadre, el único “Comandante Marrano”.    

“Baby Bocado” prendió la camioneta y se dirigió a la ciudad de México, no escuchó música en la radio, en todo el trayecto pensó mucho en la fe, realmente no supo lo que pasó en ese viaje; por la mañana venía en su carro y por la tarde noche traía una camioneta de carga, 20 balas en el bolsillo de su pantalón, las llaves del Marquiz Negro, una rajada en la cabeza con sangre seca, había perdido su pistola y a su comandante, que era toda una fichita.

“Baby Bocado” se preguntaba, que iba a decir en la comandancia.